2 corintios 12:9 RVR1960
“Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo”.
Vivimos en una sociedad que desde la niñez nos enseña la necesidad de tener el control de nuestras vidas. Aprendemos que debemos dirigir cada situación, prever cada resultado y evitar que las circunstancias se salgan de nuestras manos. Se nos impulsa hacia la autosuficiencia, la independencia y la idea de que no necesitamos de nadie para alcanzar el éxito, la paz y plenitud.
Sin embargo, la Palabra de Dios nos muestra un camino totalmente distinto. Mientras el mundo nos dice: “Ten el control”, Dios nos dice: “Confía en mí”. El Salmo 37:5 RVR1960 declara: “Encomienda a Jehová tu camino, Y confía en él; y él hará”. Nuestra vida es un camino que debemos recorrer, pero caminarlo apartados de Dios y confiando únicamente en nuestras propias fuerzas solo nos conduce al orgullo, cansancio, frustración, ansiedad e inseguridad.
Cuando observamos algunas definiciones, entendemos mejor cómo el ser humano desea ocupar un lugar que solo le pertenece a Dios, por que sólo Él es Soberano:
· Controlar significa dominar, vigilar o dirigir algo para que ocurra según nuestra voluntad.
· Gobernar implica ejercer autoridad y tomar decisiones sobre otros.
· Autoridad es el poder o legitimidad para dirigir y mandar.
En innumerables ocasiones queremos ejercer un control absoluto sobre nuestra vida, nuestro futuro e incluso sobre las personas que nos rodean con el fin de estar en paz. En la familia, por ejemplo, los padres ejercen autoridad y dirección sobre sus hijos con el propósito de guiarlos y protegerlos de decisiones que puedan perjudicarles.
Sin embargo, muchas veces, los jóvenes desean tomar el control total de sus vidas sin dirección de sus padres, ni dependencia de Dios, creyendo que pueden caminar únicamente según sus propios pensamientos y deseos. Por ello existen muchos casos de jóvenes que por salir del control de sus padres, se unieron en yugos desiguales y les peso el haber tomado esa decisión cuando ya era muy tarde. Muchos incluso luego reconocen que papá y mamá tenían la razón. En el Salmo 32:8 NTV, El Señor dice: Te guiaré por el mejor sendero para tu vida; te aconsejaré y velaré por ti. Porque nuestro Padre Celestial siempre quiere lo mejor para nosotros, Sus hijos.
Si desde nuestra juventud hubiéramos permitido que Dios tomara el control de nuestras vidas cuantas cosas y sufrimientos no nos hubieran pasado. Esa necesidad de dominio y autosuficiencia lo único que produce son consecuencias espirituales y emocionales como: ansiedad, temor, inseguridad, dudas, falta de identidad y debilitamiento de la fe.
Por eso, cuando el ser humano intenta ocupar el lugar que solo le corresponde a Dios, termina cargando pesos que nunca debio llevar. Solo cuando aprendemos a rendir nuestra voluntad al Señor encontramos la verdadera paz, propósito y seguridad.
De ahí que debemos entender que la paz verdadera no nace del control humano; nace de la confianza en Dios. La palabra en Filipenses 4:6-7 RVR1960 nos recuerda: “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús”.
Hay un ejemplo de vivir bajo la voluntad de Dios y entrega total del control de su vida fue Abraham. En Génesis 12:1 RVR1960, dice: “Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré”. Dios no le mostró el destino; solo le pidió obediencia. Abraham tuvo que renunciar a la seguridad de lo conocido para depender completamente de Dios. Esa es la esencia de la fe: caminar, aunque no tengamos todas las respuestas y entregar total control de nuestras vidas.
También esta el ejemplo del apóstol Pablo, quien experimentó una transformación profunda. Pasó de confiar en su conocimiento, posición religiosa y capacidades, a depender totalmente de Cristo. Pablo comprendió que la verdadera fortaleza no está en la autosuficiencia, sino en reconocer nuestra necesidad de Dios. Mientras más dependemos del Padre Santo, más se manifiesta Su gracia, amor y poder en nosotros.
Existen ocasiones en que nos hacemos expectativas altas, ya sea en personas, posiciones, recursos o planes, y tarde o temprano descubrimos que todo eso puede fallar. Pero cuando nuestras expectativas están puestas en Dios, encontramos un fundamento firme, Él jamás falla.
Puedo dar testimonio de esto, ya que en lo personal, al iniciar una nueva etapa de mi vida, mi jubilación, tuve que dar el control de esta etapa y ponerla en las manos de Dios. Hubo dudas, miedos e incertidumbre por la nueva etapa que iniciaba y reconocí que yo en mis capacidades no podría sola. En estos meses de jubilada, he podido ver la fidelidad y el cuidado de nuestro Padre celestial en cada momento. Comprendí que no basta con solo decir: “Señor, toma el control”; debemos realmente entregárlo. Es vivir verdaderamente bajo Su voluntad.
Vivimos intentando controlar cada área de nuestra vida: emociones, relaciones, decisiones, el futuro e incluso los tiempos de Dios. Sin embargo, el control en nuestras manos no puede resolver lo verdaderamente importante ni traer la paz que tanto necesita el corazón. Queremos relacionarnos con Dios manteniendo nosotros el dominio y permitiendo que Él intervenga solo cuando lo consideramos necesario o cuando lo necesitamos.
La verdadera transformación ocurre cuando rendimos completamente nuestra vida a Cristo Jesús, porque primero debemos reconocerlo como Señor de nuestras vidas, es decir, nuestro dueño, soberano, aquel que tiene el derecho de dirigir, corregir y establecer el camino que debemos seguir. En filipenses 2: 11 NTV dice: y toda lengua declare que Jesucristo es el Señor para la gloria de Dios Padre. Su Soberanía debe tener el primer lugar en nuestros pensamientos, decisiones, deseos y acciones. Y además, reconocer su amor como nuestro Salvador.
Es allí donde comienza la verdadera libertad espiritual, porque mientras más rendimos el control de nuestra vida a Cristo, más experimentamos Su gracia, Su dirección y Su amor. Entonces el Espíritu Santo obra y se establece en nuestro corazón, transformando nuestra manera de pensar y vivir. De esta forma aprendemos a confiar plenamente en Dios y a descansar en Su voluntad, experimentando la paz verdadera y profunda que solo Él puede dar.
Recordemos siempre lo que esta escrito en 1 Pedro 5:7 RVR 1960 “Echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros”. Porque el amor de Dios no busca esclavizarnos bajo Su control, sino enseñarnos a descansar en Él.
En definitiva Hermanos, entregar el control a Dios quebranta nuestro orgullo, vence nuestra autosuficiencia y nos enseña a depender de Su gracia. Cuando dejamos de luchar por controlar todo y comenzamos a confiar en Él, vivimos la vida abundante que solo Cristo nos puede dar.
Dios les bendiga.
https://www.youtube.com/watch?v=sJiRfztXcJc
Ana Yajaira Pérez.
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