2 corintios 4:17 RVR 1960.
Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria.
Todo ser humano desea obtener resultados inmediatos en todo lo que hace o anhela, pero esto son imposibles de alcanzar si antes no se atraviesa por un paso fundamental: el proceso. Este puede definirse como el conjunto de pasos, acciones o etapas que se desarrollan de manera ordenada para alcanzar un resultado o lograr un objetivo. Es decir, el proceso es el camino que recorremos desde un punto de partida hasta llegar a un resultado.
En Job 23:10 RVR1960. Dice: Mas Él conoce mi camino; Me probará, y saldré como oro. El camino de los hijos de Dios inicia en el momento en que aceptamos a Cristo Jesús como Señor y Salvador. A partir de ese momento, debemos transitar por un proceso que produzca en nosotros una verdadera transformación, porque ya no podemos continuar siendo quienes éramos antes de conocer a Jesús.
Los procesos suelen concebirse muchas veces como castigos o pruebas de Dios, e incluso como tentaciones o batallas con el enemigo, pero no necesariamente lo son. Nuestro Padre celestial está interesado en lo que ocurre en nosotros mientras avanzamos hacia el propósito que Él ha establecido para nuestras vidas. Por ello, en Filipenses 1:6 NTV. Dice: Y estoy seguro de que Dios, quien comenzó la buena obra en ustedes, la continuará hasta que quede completamente terminada el día que Cristo Jesús vuelva. Esto es la santidad.
La Palabra de Dios nos presenta diferentes tipos de procesos que se llevan a cabo en nosotros, de acuerdo con aquello que necesitamos transformar o fortalecer en nuestras vidas para poder crecer como hijos de Dios:
1. Proceso de formación: El mejor ejemplo de este proceso es José. Que hubiera pasado si en lugar de ser esclavo en Egipto, se hubiera quedado en en la casa de su padre Jacob, siendo un soñador y el hijo consentido de su padre. No hubiera podido ser quien fue, tenia que experimentar todo el proceso de formación que tuvo aprendiendo administración en la casa de Potifar y en la carcel, que no eran lugares sencillos de gestionar. Sin embargo, todo lo que tuvo que atravesar, fue un proceso que contribuyó a su formación y preparación. Dios utilizó cada experiencia para desarrollar en él las capacidades necesarias para administrar a Egipto y enfrentar los tiempos de hambre que vendrían sobre la tierra.
2. Proceso de prueba: Aquí podemos mencionar a cualquiera de los héroes de la fe. Las pruebas no llegan para destruirnos, sino que pueden afianzar y fortalecer nuestra fe en Dios. A través de ellas aprendemos a confiar más en Él y a depender menos de nuestras propias fuerzas. Una prueba extraordinaria la tuvo Abraham cuando Dios le pidió que sacrificara a su hijo Isaac a tal punto que su fe le llevo a confiar y proclamar Jehová Jireh.
3. Proceso del desierto: Hasta Cristo tuvo que pasar por la escuela del desierto. Este es un lugar para un encuentro intimo con Dios, donde aprendemos obediencia, dependencia y confianza. Lo que entra al desierto no sale de la misma manera, entran las uvas y sale el vino, porque Dios utiliza ese proceso para trabajar en nuestro carácter y enseñarnos a depender completamente de Él. Un ejemplo de ello lo fue el pueblo de Israel vagó 40 años por el desierto como un periodo de transición y purificación tras su salida de Egipto, aprendiendo a depender de Dios antes de entrar a la Tierra Prometida. Entro un pueblo y salio una nación.
4. Proceso de la espera: Este es un proceso especialmente difícil para los ansiosos y para quienes quieren obtenerlo todo al instante. Sin embargo, es uno de los mayores desafíos de la fe, debemos aprender que todo debe cumplirse en el tiempo que Dios ha establecido. No podemos adelantar Su tiempo ni saber exactamente cómo terminará el proceso, a menos que confiemos en Su Palabra. Durante este proceso aprendemos a descansar en la paz que sobrepasa todo entendimiento porque la palabra de Dios se cumplirá en nosotros. Podemos preguntarle a Abraham, quien tuvo que esperar 25 años para ver cumplida la promesa del hijo que Dios le había prometido.
5. Proceso de podar: Es cuando Dios quita de nuestras vidas aquello que nos distrae o nos impide avanzar hacia el cumplimiento de Su propósito. Muchas veces creemos que se nos acaba el mundo porque perdemos el trabajo que tanto queríamos, se convierte en fracaso el emprendimiento que desarrollamos o la persona que pensábamos que sería nuestro compañero o compañera de vida toma otro camino diferente al nuestro, entonces se produce lo que lamentablemente es más fácil para el ser humano el odiar, en lugar de perdonar a todos aquellos que nos lastimaron con su partida o rechazo. Debemos recordar, que Dios tiene otros pensamiento y planes muy diferentes a los nuestros. Por ejemplo cuando Abraham y Lot se separaron.
6. Proceso de restauración: Este proceso nos lleva a enfrentar nuestros fracasos, las decisiones que tomamos sin consultar a Dios y las consecuencias de esas decisiones, es decir cuando estamos en desobediencia a la voluntad de Dios. Es un proceso de reflexión, en el que reconocemos en qué fallamos y comprendemos que, aun así, Dios no nos ha abandonado. Él permanece fiel, aunque nosotros muchas veces no lo seamos.
7. Proceso de cambio: De todos los procesos que quizás pudiéramos atravesar, este es uno de los que más dolor puede producirnos, porque por naturaleza nos resistimos al cambio. Sin embargo, el cambio es un factor determinante para acercarnos a Dios, crecer espiritualmente y permitir que Él transforme aquellas áreas de nuestras vidas que necesitan ser modificadas. Debemos de recordar que es cambiar nuestro corazón de piedra por un corazón de carne.
8. Proceso de madurez espiritual: Es cuando reconocemos que no podemos hacerlo todo solos; que no es por fuerza ni por poder. Comprendemos que ninguna de las habilidades, competencias o cualidades que poseamos son suficientes sin la dirección del Espíritu Santo. Necesitamos que nos guíe y nos fortalezca en Cristo, en quien todo lo podemos y reconocemos que no podemos vivir apartados de la presencia de nuestro Padre Celestial.
Debemos recordar siempre que el propósito de Dios al permitir que seamos procesados está establecido en Efesios 4:13 NTV, que dice: Ese proceso continuará hasta que todos alcancemos tal unidad en nuestra fe y conocimiento del Hijo de Dios que seamos maduros en el Señor, es decir, hasta que lleguemos a la plena y completa medida de Cristo. Esto es alcanzar el ser santos y justos.
El propósito eterno del proceso es que nuestro carácter llegue a ser como el de Cristo. Un carácter marcado por: el amor, la humildad, la compasión, la misericordia, la obediencia, la paciencia, la santidad, la integridad y, sobre todo, el servicio. Porque solo cuando permitimos que Cristo sea formado en nosotros, es que podremos reflejarlo y alcanzar a otros para Él.
Por eso, amados hermanos, en lugar de preguntarle a Dios: «¿Por qué estoy atravesando este proceso?» o pedirle que lo quite de nosotros, recordemos que Cristo, aun en medio de su angustia, escogió someterse a la voluntad del Padre. Él no buscó evadir aquello que debía enfrentar, sino que decidió confiar en el propósito de Dios y hoy esta sentado a Su diestra. De la misma manera, cuando atravesemos nuestros procesos, aprendamos no solo a pedir que terminen, sino también a atravesarlos confiando en Dios y preguntándonos: ¿qué quiere Dios enseñarme a través de esto? ¿Qué desea Dios formar y transformar en mí?» .Como nos recuerda Mateo 24:13 (RVR1960): «Mas el que persevere hasta el fin, este será salvo».
No debemos desperdiciar las oportunidades de crecer en fe, madurar espiritualmente y reflejar cada vez más el carácter de Cristo que Dios nos permite alcanzar durante el proceso, sino acojámoslo con confianza, perseverancia y un corazón dispuesto a aprender, porque cada etapa del proceso puede dejarnos una enseñanza y producir en nosotros la transformación que nos acerque más a Cristo.
Humanamente no podemos elegir el proceso que atravesemos, pero sí podemos decidir con qué actitud lo enfrentaremos: puede ser con resistencia o con un corazón dispuesto a ser formado por Dios. En medio del proceso no debemos de olvidar que tenemos instrumento que Dios nos ha dado para ser victoriosos que son: la oración y Su Palabra. A través de la oración mantenemos nuestra comunión con Dios, y mediante Su Palabra encontramos dirección, fortaleza, consuelo y esperanza para continuar avanzando hasta que el proceso cumpla su propósito en nosotros.
Todos estamos atravesando o hemos atravesado algún procesos y debemos recordar que no es el final de nuestra historia; sino que es solo una parte del camino que Dios está utilizando para formar aquello que necesitamos para ser preparado para el cumplimiento de Sus propósitos en nuestras vidas. Quizás en estos momentos estás pasando por un proceso que te llena de angustia y duda; ya tienes mucho tiempo orando y esperando por una respuesta; quizás estás atravesando una situación que te ha llevado a preguntarte si Dios realmente está contigo, por lo que quiero decirte que tu proceso no significa que Dios te haya abandonado, aunque no puedas verlo con claridad, Él sigue obrando en medio de tu proceso.
Quizás peor aún estás atravesando este proceso sin haber permitido que Cristo sea el dueño de tu corazón, ni el Salvador de tu vida. Si ese es tu caso, quiero decirte que aun en medio de lo que estés viviendo, Dios puede estar llamándote a volver tu corazón hacia Él. Este proceso puede convertirse en una oportunidad para acercarte a Su presencia, conocerle verdaderamente, experimentar Su amor y descubrir el propósito que tiene para tu vida.
Hoy puedes abrirle tu corazón a Cristo y permitirle entrar. Puedes reconocerlo como tu Señor y Salvador, y comenzar una nueva historia junto a Él. No tienes que esperar a que todo esté resuelto para acercarte a Dios; puedes venir tal como estás. Cuando ponemos nuestra vida en Sus manos, comenzamos a caminar bajo Su gracia y dirección, y aun las experiencias más difíciles pueden convertirse en escenarios donde obra de forma maravillosa en nosotros, fortalecerá nuestra fe, transformara nuestro carácter y nos prepara para cumplir Sus propósitos y glorificar Su nombre.
En definitiva, queridos hermanos, no asumamos que los procesos son solamente momentos difíciles, sino reconozcamos los como oportunidades en las que Dios nos forma, transforma, fortalece y prepara para el cumplimiento de Sus propósitos. Así que pidamos al Señor, que en medio de cada proceso que experimentemos, nos enseñe a confiar mucho más en Él, a que nos ayude a permanecer firmes y que forme el carácter de Cristo para Su gloria. Amén.
Dios les bendiga en abundancia.
Ana Yajaira Pérez